Página 12 / Las 12 / 11.09.2015. EDUCACIÓN. La Ley de Educación Sexual Integral fue aprobada en 2006 pero todavía falta mucho para que se cumpla en todas las escuelas públicas o privadas, desde el nivel inicial hasta la secundaria. a pesar de la enorme deuda, hay libros, manuales, docentes y videos que promueven información divertida y útil. Y, especialmente, Zamba y Niña, dan, desde la pantalla de Pakapaka, palabras clave para que todos los niños y niñas conozcan sus zonas intimas y puedan defenderse de agresiones que encuentran la oportunidad en lo no dicho.

Por Luciana Peker

Una nena va de excursión y pide que una mamá la ayude: le vino la menstruación y en su casa la mandaron con pañales. Un nene simula tener sexo con una silla y se toca la cola con el mismo dedo con el que busca tocar a sus compañeros. Una nena va a la escuela y en el recreo le escupen en la cara porque se supone que es fea por ser negra. Un nene no se quiere bajar el pantalón porque, cuando se lo baja, su maestra descubre que tiene todo el cuerpo golpeado y su papá lo amenazó con que no diga nada. Una nena va a la escuela y a la tarde, cuando la va a buscar una chica joven, sus compañeras le preguntan si es la niñera y ella cuenta que es la novia de su mamá. Un nene va a jugar tenis con sus amigos, pero no le gusta que le digan que se concentre en la pelota, aunque le digan que es de nena él prefiere estar todo el día dibujando. Una nena quiere jugar a la pelota todos los recreos y pega patadas a todos los pibes que le dicen machona para que vean quien es más fuerte. Un nene dice que es bisexual en una clase de biología y la directora lo manda al médico a ver si está sano. Una nena se desmaya en el patio de gimnasia y las maestras le compran un Evatest para ayudarla a saber si está embarazada en séptimo grado. Un nene para la letra de la ley que recita los derechos de los niños a no ser golpeados para contar que cuando su papá se emborracha siempre le pega. Una nena se enoja con otra nena porque dice que le sacó el novio y se cita en la esquina del colegio para ver quien de las dos es más brava a las piñas. Todas escenas de la realidad escolar cotidianas y palpables. La discriminación, la violencia familiar, los abusos sexuales, los estigmas de los estereotipos de género, el tabú sobre la menstruación, las niñas madres son problemas que no esperan a que la escuela les abra la puerta o a que el Estado capacite a todo el plantel docente para empezar a rodar, ruedan solos. Mientras que la liberación de nuevas formas de amor, familias y amistad –y no sólo ser lo que se suponía que era ser varón o mujer– y el derecho a nuevas familias diversas también se hace sentir en las aulas sin pedir permiso y con respaldo legal. Sin embargo, la escuela todavía no hace todo lo que tiene –y debe– y puede hacer para darle la bienvenida a los nuevos cambios y para evitar –con las innovadoras normas vigentes– problemas añejos o potenciados pero que –ahora sí– se pueden prevenir, detectar y combatir y, muchas veces, siguen de largo por inoperancia, inacción, omisión o falta de decisión política o pedagógica. La Ley de Educación Sexual Integral (ESI) fue aprobada por el Congreso de la Nación en el 2006 y debe cumplirse en el nivel inicial, primario y secundario en escuelas públicas y privadas, religiosas y laicas. Hay capacitaciones masivas y manuales con contenidos y propuestas para el aula –para cada etapa escolar– por parte del Ministerio de Educación de la Nación. Sin embargo, la ley está lejos de cumplirse en todas las aulas de los colegios gratuitos y pagos, cristianos, judíos, evangélicos o estatales. Y –todavía menos– en la infancia. Antes de la adolescencia –donde se supone que hablar de preservativos y anticonceptivos es una curita para los efectos colaterales del cachondeo juvenil– la educación sexual brilla, pero por su ausencia. En algunos casos hay docentes con buenas intenciones que cumplen con la ley. Y, en muchos casos, hay docentes capacitados. Pero todavía se está muy lejos que todos los alumnos y alumnas accedan a su derecho a escuchar y ser escuchados. El gran problema es que la educación sexual no es solo lo que se dice, sino lo que hace decir. Y, entonces, es la gran herramienta de prevención –casi como una vacuna escolar– para evitar los abusos sexuales (para que no ocurran y para que si ya ocurren no se repitan ni se perpetúen), la violencia familiar y que no se tome como zumbidos de recreo la discriminación por color de piel, nacionalidades o elecciones sexuales propias o de sus madres o padres. Entonces no hay tiempo de espera. Se tiene que aplicar. Y aplicar ya. Hasta ahora hay 12.000 escuelas primarias con docentes que fueron capacitados en ESI y, a su vez, replican sus conocimientos en los y las maestras/os del colegio, en todo el país y un 80 por ciento de esas 12.000 escuelas ya realizaron proyectos de ESI en todos los grados, según el Programa de Educación Sexual Integral, del Ministerio de Educación de la Nación. “Los aportes de la ESI a la formación integral de niños y niñas de primaria se relacionan con la posibilidad de iniciar una formación básica en conocimiento y cuidado del cuerpo, en propiciar el aprendizaje de los derechos de la niñez, como así también de las distintas formas de vulneración de los mismos: el abuso y el maltrato, la violencia de género, la trata de personas, entre otras formas. Otra puerta de entrada es la posibilidad de trabajar en torno a la desnaturalización de estereotipos de género. El trabajo en torno a los ideales de belleza, las actividades expresivas y deportivas para todos y todas, el interés por las ciencias y el arte sin mandatos que ubiquen en un extremo a unos y otras. La afectividad, los sentimientos de atracción y rechazo, los primeros enamoramientos son característicos del transitar por la escuela primaria. El trabajo sobre los cambios en la pubertad dese una perspectiva integral que no sólo apunte a lo biológico. Y la puesta en valor de la diversidad. Esta etapa de la vida de niñas y niños es fundamental el trabajo sobre prejuicios, como la homofobia, la xenofobia, entre otros”, describe Mirta Marina, Coordinadora del Programa de Educación Sexual Integral del Ministerio de Educación de la Nación. La importancia está clara y la ausencia de la presencia de ESI, a nivel masivo, generalizado y permanente, también. Sin embargo, una muy buena noticia son los micros de “Zamba” sobre Educación Sexual Integral, realizados por PakaPaka -y creado por el realizador Sebastián Mignona- el Programa de Educación Sexual Integral. En solo dos minutos la revolución de la educación sexual permite repetir, soplar, reír y pensar a través de la pantalla de la televisión o de la repetición por youtube. “¿Qué nombre se le da a las partes íntimas?”, pregunta a modo de juego de aciertos para que chicos y chicas aprendan a decir pene, pechos y vulva. Niña se sonroja y se inhibe, Zamba se ríe y después dice que ya sabía (lo que antes no se animaba a decir) no solo poniendo palabras y ubicación a las partes íntimas sino mostrando que el humor, las carcajadas, la competencia, el orgullo, el pudor y la omnipotencia son parte de lo que se pone en juego –y está bien que juegue– en una educación que toca fibras íntimas y que no tiene porque ser solemne ni superada, pero sí debe hablar con palabras claras y protectoras. ¿Quienes son los únicos que pueden ver o tocar nuestras partes íntimas?, pregunta el locutor en el micro sobre ESI. “Solo nuestros padres, cuidadores o médicos, pero solo por razones de salud o higiene. Y si alguien te hace sentir incómodo o te da vergüenza siempre hay que buscar a un adulto de confianza para contárselo. Y si alguien te hace guardar un secreto que te asusta o te pone triste también lo tenes que contar a un adulto para que te ayude”, recomiendan Zamba y Niña en una vacuna contra el abuso sexual de pocos segundos y efecto casi seguro si llega a oído de todos los chicos y chicas y los adultos les abren sus oídos. En otro video también se muestra que Niña juega a ser astronauta, Zamba juega con muñecas (la de Juana Azurduy), el Niño que lo sabe todo lee libros de fantasía (incluso de princesas), al Niño Cauteloso no le gusta jugar a la pelota. “No tiene nada de malo que un nene juegue con muñecas”, dice Zamba. “Las chicas podemos soñar con ser cualquier cosa que nos propongamos”, apuesta Niña. “Podemos ser libres de elegir nuestros juegos o juguetes”, asume Niño Cauteloso. En Pakapaka ya habían realizado la serie “¿Y ahora qué?, para chicos y chicas de alrededor de diez años, que se extiende por trece capítulos. Pero los micros de Zamba resultaron masivos y muy efectivos. “Nos parece que es fundamental seguir generando contenidos sobre este tema que es ley, pero que no siempre se trabaja en las escuelas o en las casas –explica Valeria Dotro, responsable de contenidos de Pakapaka–. La idea fue trabajar para chicos desde nivel inicial y con contenidos puntuales y concretos que fueran disparadores para seguir hablando.” El impacto de prevenir abusos a través de Zamba, un intrépido formoseño que ya recorrió la historia nacional a caballo de la tecnología y el chipá, tiene un enorme rebote. “Los chicos ya han generado un vínculo afectivo con Zamba y entonces se produce un vínculo muy fuerte con los contenidos que él vehiculiza. Justamente lo que tiene Zamba como personaje es que es un chico, que expresa lo que le pasa, que se aburre, que tiene miedo, que le gusta jugar, pero que también es curioso y quiere saber. En este caso aprovechamos estas características de Zamba para contarles a los chicos que les puede dar vergüenza, que pueden no saber, que está bien preguntar, etc. En este caso, además, se trabajo también con la idea de juego y algo de humor que permitieron una bajada de contenidos bien cercana a los chicos de esa edad. Y por otro lado, una herramienta sencilla para los docentes”, apunta Dotro. Una idea es que Zamba llegue a la escuela a través de netbooks y videos. Y, otra, que se pueda compartir en las casas. Pero no para tercerizar el cuidado de los hijos e hijas o la prevención de violencia, sino para abrir el juego y que el cuerpo sea disfrute y no riesgo. “Los chicos contemporáneos tienen un vínculo muy estrecho con la televisión y las pantallas en general, la construcción de sus identidades, sus conocimientos, sus formas de comunicación y sus miradas del mundo están fuertemente atravesadas por la TV, entonces ¿cómo no incluir temas tan centrales como estos en boca de sus personajes favoritos? Permite un acercamiento cotidiano a estas temáticas y además algo que es fundamental es la posibilidad de abrir el diálogo en las casas o en la escuela. Que se generen preguntas, inquietudes, dudas”, invita Dotro. Carolina Brandariz, secretaria de género e igualdad de oportunidades de los gremios Ute/Ctera también apoya el cumplimiento efectivo –y no muerto de aburrimiento en las normas y los manuales– de la ESI: “Los debates sobres el cuidado del cuerpo, la diversidad sexual, el género y las violencias, amplían el espectro del debate de la genitalidad y la sexualidad como hecho natural para permitir pensarla como una construcción social en la que la escuela puede hacer un importante aporte. En la escuela primaria estos debates son incipientes y permiten anticipar problemas no deseados por los mismos chicos y chicas en su adolescencia, como construir concepciones que les permitan crecer sin violencia y construir identidades de acuerdo al deseo”. La participación de activistas de género, diversidad y mujeres en los sindicatos pueden imprimir polenta –un enorme motor de las alianzas docentes– para que las aulas se llenen de vida y derechos. “La escuela es una institución que construye sentidos y muchos se encuentran en disputa. El currículo oculto sigue reproduciendo la heterosexualidad como único destino posible y la subordinación de la mujer, pese a la voluntad de muchísimos docentes. Esto sólo será transformado con políticas públicas donde el Estado sea un actor central en la formación del conjunto de los docentes, para que no hayan temas tabú en las aulas y el abordaje sea integral”, propone Brandariz. Más allá de las iniciativas estatales en las librerías también hay nuevos textos que ayudan a hablar en la familia y en la escuela del cuerpo. “¡Sin vueltas! Nos animamos a hablar de sexualidad”, de Silvia Hurrell y Marcelo Zelarallán, de Editorial Sudamericana es un excelente apoyo para ver ilustraciones del cuerpo, pensar las distintas emociones, ver distintas parejas enamoradas y muchos arcoiris familiares y pensar el efecto (cambiante) del espejito espejito en chicas y chicos. La escritora Cecilia Blanco escribió “¿Qué es esto? La sexualidad explicada para niños” y “¡Mi familia es de otro mundo! Una nueva mirada sobre los modelos familiares”, de Editorial Uranito que también destruye el molde de papá-mamá-nene-nena para pasar a distintas formas de acobijar a padres, madres, hijos e hijas, abuelos y abuelas, tíos y tías, según elecciones, necesidades y deseos. Ella rescata: “La educación sexual debe acompañar el proceso de crecimiento del niño: desde esas primeras exploraciones que hace acerca de sus genitales, las preguntas e, incluso, cuando no se pregunta. Hablar del tema es la única manera de que internalice a la sexualidad como algo natural y cotidiano. Es un error muy común de muchos adultos pensar que dando este tipo de información se incita al niño a tener un comportamiento sexual precoz. Es todo lo contrario”, subraya Blanco, en una respuesta al mito de educación sexual como sinónimo de iniciación sexual temprana. En realidad, a más educación sexual más cuidado y menos ansiedad. Pero, en la Ciudad de Buenos Aires, la educación sexual no está estimulada por el Ministerio de Educación porteño -a pesar que se debería cumplir la ley local 2.110- y los pocos talleres, a través de organizaciones no gubernamentales, se dan en la secundaria y no en la primaria. Por eso, bajo la consigna “Ni una escuela mas sin educación sexual”, el Parlamento de las Mujeres -presidido por Virginia Franganillo- convocó, el 7 de septiembre pasado, a una jornada por el cumplimiento efectivo de la Ley de Educación Sexual Integral en todo el ámbito de la Ciudad de Buenos Aires en donde se decidió crear un monitoreo de la ley para que los nuevos derechos no se queden en letra muerta y, en cambio, ayuden a vivir más y mejor, con más libertad, seguridad y alegría, a los alumnos y alumnas.